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LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE BECARIO

Después de una semana sin escribir, una gripe tardía me ha tenido fuera de juego, vuelvo con una entrada bastante personal.

Como ya comenté en la presentación de este blog, estoy en un momento laboral en el que me considero becaria perpetua, no dicho como algo negativo sino como una forma de definir un estado intermedio entre el alumno o el recién licenciado y el profesional experimentado.

Hay dos premisas que me llevan a escribir esta entrada, una el hastío de escuchar que mi generación lo ha tenido muy fácil y sin embargo somos la “generación perdida”; y la otra, algo de lo que también hemos estado oyendo hablar hasta la saciedad últimamente el “personal branding” o gestión de la marca personal.

En primer lugar, en todas las generaciones hay quien lo ha tenido fácil y quien no. En todas las generaciones los hay que han caminado ajenos a lo que es trabajar duro para conseguir una situación acomodada porque ya les era dada y quienes han tenido que esforzarse y sacrificarse para llegar a conseguir el mismo estatus. Me parece absurdo decir que toda una generación es de tal o cual forma, especialmente cuando se trata en relación al mercado laboral, ya que en este ámbito, como en otros muchos, resuena aquello de Ortega de “Yo soy yo y mis circunstancias”, siempre habrá quien tenga que dar diez pasos para llegar a una meta mientras que otros tiene que dar solo cinco. La cuestión, creo yo, es ser consciente de cuántos pasos tenemos que dar cada uno y decidirnos a luchar por tener la oportunidad de darlos.

Y aquí es donde llega la gestión de la marca personal, o de lo que toda la vida se ha llamado “buscarse las habichuelas”. Lo que quiero decir es que esto no es, en realidad, nada nuevo. La diferencia es que la competencia entre licenciados es mucho mayor que hace un par de década, porque pese a que se empeñen en decir que nosotros lo hemos tenido muy fácil, lo cierto es que hace veinte años el que se licenciaba tenía muchas posibilidades de encontrar un buen trabajo. Ahora no es suficiente, basta pasearse por las ofertas de cualquier portal de empleo, porque no me digan que lo que piden no son poco menos que superhéroes. Claro, con este panorama, hay que venderse bien, porque somos más lo que tenemos que  “buscarnos las habichuelas”, cierto que han cambiado las herramientas, pero a mi juicio, la gestión de la marca personal es eso: usar todas las herramientas a nuestro alcance para ser visibles en un momento en el que la oferta es inmensa y la demanda escasa.

Hasta aquí posiblemente no he dicho nada nuevo, la cuestión es que en los últimos meses he leído varios artículos en medios especializados en comunicación en los que se desaconseja a las empresas tener becarios, hablando de ellos como licenciados sin cualificación, los mismos portales a los que se les llena la boca hablando de “personal branding”, en inglés que parece más novedoso y moderno.

Ser becario, tiene su cara y su cruz. No voy a negar que hay empresas en las que los becarios probablemente siguen siendo jóvenes sin experiencia explotados a los que se les pone a hacer fotocopias y preparar café, o en definitiva a desarrollar tareas que nada tienen que ver con su formación, pero es que las cosas se pueden hacer bien o mal y resulta que hay lugares en los que se empeñan en hacerlo mal. Pero la culpa no es del recién licenciado que se está buscando la vida sino de la persona que le asigna las tareas o competencias a realizar.

Mi reflexión es, profesionales que escriben sobre comunicación desde la experiencia, y la autoridad que eso les otorga, no es mucho pedir que intenten no descalificar, y fomentar una imagen negativa de los becarios, dificultando el acceso al mercado laboral de los que estamos empezando en esto.

Porque si una persona recién licenciada lee sobre la importancia de la imagen, de la experiencia, de la formación extracurricular y de la actitud proactiva para conseguir un empleo y por otro lado le dicen que haber sido becario puede crearles una imagen negativa como profesional, que es el mensaje que les están trasmitiendo en esos artículos en los que se refieren a ellos como “personas sin cualificar”. Entonces, si ni los profesionales con experiencia encuentran oportunidades, los que no tenemos experiencia laboral salvo como becarios ¿qué hacemos? Porque les garantizo que con alguna experiencia ya como becaria en diferentes empresas lo que menos he hecho ha sido hacer fotocopias y preparar café, puedo decir que he tenido la suerte de realizar siempre tareas que se correspondían con mi formación, y que ser becario merece la pena siempre que el aprendizaje compense la baja remuneración económica. No digo que esté bien que las empresas utilicen los puestos de becarios para ahorrar costes digo que es una oportunidad para los que salimos de una carrera con cualificación pero sin contactos.

Sobra decir, que escribo desde mi experiencia y opinión personal, y desde luego sin ánimo ninguno de ofender a nadie ni crear polémica. Simplemente son unas reflexiones a raíz de algo que llamó mi atención.

¿Cómo han sido vuestras experiencias como becarios?

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